Descripciones

Tendida en el suelo, semiinconsciente, noto todo lo que me rodea, simplemente soy capaz de oírlo. Necesito aire puro para respirar y aposentarme en mi nueva vida, he olvidado quien soy y por ello necesito tiempo para pensar; aunque miles de pensamientos se me amontan en mi cabeza, la mayoría preguntas sin respuestas que espero tener la solución algún día.

Tendida en el césped mojado, sintiendo todo lo que me rodea pasar ante mí y sin inmutarse, como si no existiera… de hecho ha sido así toda mi vida, pero ahora me doy cuenta de lo patética que he sido en todas las ocasiones de mi vida. Algo en mi cabeza hizo “click” y por algún motivo estoy aquí, en medio de la nada intentando encontrarme.

Tendida sobre mis recuerdos, o lo que creo que eran los míos, siento como si me haya perdido la mitad de mi propia vida, como si un impostor me la hubiera arrebatado y con ella todos mis pensamientos, mis ideas, mis vivencias; todo. Alguien me ha robado o simplemente he sido yo que no he prestado la suficiente atención como para ser consciente de lo que he vivido.

Por cada retroceso sentimental que se da en mi interior, siento como si la hierba se convirtiera en agua y con cada pensamiento me estuviese hundiendo con inquietante normalidad, hasta sentir mi cuerpo completamente bajo la fuerte presión del agua, a varios metros de profundidad.

Siento como mi vida me abandona, pero una última pregunta aparece en mi cabeza por arte de magia: ¿cómo he llegado a este punto, en qué momento perdí de vista mi propio guión?

El frío recorre mi cuerpo, un latigazo, el vaho que sale de mi boca es fruto de la baja temperatura en la que me encuentro…

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Un día de playa

El sol se había aposentado en lo alto del cielo azul y despejado, al alcance de todas las miradas. En la orilla del mar las olas rompían con suavidad en los pies de todos los que se relajaban paseando por el agua fresca de las 10 de la mañana; y mientras yo disfrutando de la lectura, maravillada por la expresión, descripción y todos los elementos que hacían posible que aquella novela fuera una historia que se desarrollaba en mi mente. La dulce brisa marina que acompañaba el día soleado adormecía a todo aquel que estuviera estirado en la toalla, el calor del sol era tan suave que no hacía ni frío ni calor, simplemente era la temperatura ideal para relajarse, cerrar los ojos y viajar a través de los sueños. Era impresionante ver que no había tanta aglomeración como en los fines de semana, era simplemente el momento y el lugar perfecto para la tranquilidad y el dejarse llevar por la calma del momento.

Lejos del ruido, de los escándalos, de las discusiones, de la tensión … lo único que se podía percibir eran los pájaros que volaban por encima de los que estábamos en la playa y el sonido de fondo de los niños jugar con el agua, y en segundo término, a lo lejos, como más apagado, las madres gritándoles. Eso era la señal de que estaba abandonando el mundo terrenal y estaba entrando en el de los sueños. Una nube se cruza ante los rayos del sol, no importa, la dulce brisa lentamente la alejaría del sol, aunque estuviera dormida, lo notaba, era como estar en otra dimensión, percibiendo a través de los sentidos todo lo que ocurría a mi alrededor, sin estar consciente.

Notar cómo caes en un profundo sueño es todavía más dulce, vas perdiendo lentamente la consciencia y la imaginación empieza a volar, y tu con ella, a mundos mágicos donde realmente no importa el lugar en sí, sino el sentimiento de paz. Y el despertar, es todavía más dulce, sin saltos, sin gritos, sin nada… simplemente abres los ojos lentamente, igual que cuando vas sintiendo cómo te vas durmiendo. Y te encuentras que a  tu lado alguien te está acariciando, es él que te está acariciando la frente, y su mano baja a la nariz, y te da un pequeño toque en la punta. Eso quiere decir que te prepares porque la tranquilidad se ha acabado en ese momento, así que te coge con cuidado de la mano, te levanta, te lleva en brazos y … cuando te das cuenta ya no puedes hacer nada … el agua ya sube hasta sus rodillas. Sabes que por mucho que grites, es imposible escaparse de sus brazos, así que para alargar la agonía, te va bajando lentamente: primero un pie, después el otro, las olas te salpican y notas cómo se te eriza la piel con el agua del mar que todavía no se ha calentado del todo… y en  un momento, ¡CHAPUZÓN!


Un día a solas

La verdad, no tenía que pensar en nadie puesto que estaba viviendo solo en mi piso de las afueras de la ciudad, así que decidí cambiar de hábitos sólo durante aquel día que se presentaba bastante bueno. Cogí las llaves del barco y me dirigí al puerto que estaba a tan solo 10 Km, necesitaba despejarme por todo lo que había pasado en aquellos meses. Una vez en el puerto, preparé el barco por si decidía pasar el fin de semana entre las aguas cristalinas del mar, siempre había destacado por ser cauteloso, así que aunque estuviese despistado últimamente, no iba a dejar de lado esa peculiar actitud mía, y menos en el mar. Una vez comprobado todo y haber colocado la comida en su sitio, decidí poner rumbo a la aventura, pues no sabía dónde ir, así que decidí que el viento escogería por mí.

Era un día muy tranquilo y soleado, sin ninguna nube a la vista que afeara el cielo azul, el calor del sol no agobiaba para nada; al contrario, relajaba muchísimo y la ligera brisa que me envolvía era reconfortante. No hacía ni frío ni calor, se estaba perfectamente navegando sobre aquellas cristalinas aguas. A mi alrededor simplemente se divisaba el espacio, una sensación de libertad invadía mi espíritu que durante tanto tiempo había estado aprisionado  y anhelaba aquella sensación; únicamente, al fondo se divisaban siluetas que representaban las montañas. El vaivén del aire mecía con suavidad el barco entre aquellas aguas … respiré hondo para llenar mis pulmones con ese aire tan puro, con aquella frescor y así recargar fuerzas para la próxima situación complicada que se me presentase. Los ojos se me cerraban solos, había encontrado por fin mi lugar, después de tanto tiempo … Mirando el mar me quedé dormido, suerte que había puesto el ancla porque sino estaría perdido. Me desperté a media noche y pude contemplar lo maravillosa y enorme que estaba la luna llena iluminando aquellas aguas, era todo un espectáculo contemplarlo; y cenar bajo la luna era mágico.

Decidí acostarme y levantarme para ver el alba, hacía tantos años que no lo veía …


Un domingo cualquiera

Eran poco más de las diez de la mañana y el día parecía que se iba a torcer, pues las nubes se agolpaban cada vez más las unas contra las otras tapando la poca luz que el sol podía emitir, el leve rayo de luz que se asomaba de entre las nubes fue tapado justo en aquel momento; en el momento en que me estaba tomando mi taza de té. La verdad era que no me importaba demasiado, pues tenía otras cosas en mente, las preocupaciones mundanas de cada día que me atiborraban la cabeza de pensamientos absurdos y ofensivos para mí, por eso me tomaba mi taza de té, me despejaba bastante, su aroma, su calidez, la suavidad y la dulzura que bañaban mis labios. El olor a canela se percibía desde el umbral de la puerta y recorría todo el pasillo hasta llegar a la habitación donde estaba. Logré sentarme en el borde de la cama, pues no quería despertarlo, me encantaba cómo dormía, su relajada expresión me tranquilizaba; la verdad es que me encantaba aquel contraste: dormido era un ángel, pero despierto era inquieto, siempre tenía que estar con algo entre las manos.

Volví a mirar hacia el cielo y todavía habían más nubes desde la última vez que las miré, mis manos que al principio estaban heladas, se calentaron con el calor de la taza, que la envolví entre mis manos, me daba mucha tranquilidad aquello. El hecho de tener tiempo para saborear aquellas cosas mundanas que pocas personas saben apreciar … era fascinante poder llevarme a los labios aquel dulce té, remover con calma la cuchara sabiendo desde un principio que no había prisa, el sonido de ésta al chocar con la taza y aquel olor a canela …

De repente y sin previo aviso, unas manos me aprisionaron suavemente contra un torso desnudo y cálido, qué suave era aquella piel, qué calidez … dejé la taza en el suelo y besé un hombro. Noté la calidez en mis labios, escuché el latir de su corazón, y noté sus labios en los míos.

Y mientras, fuera, las nubes se iban agolpando …


Historias de desamor

La luna me acompaña en este trayecto, mientras el avión nada a través de las espesas nubes, como si quisieran adormecer a sus ocupantes en una larga nana silenciosa que los mece en sus confortables asientos. La luna, mi acompañante, que desvía mi atención mientras escribo estas palabras a muchísimos Km de distancia del suelo, y atravieso medio continente sólo con un propósito, estar a tu lado y disfrutarte, y acariciar tu piel suave, tu carita de ángel, mi niño y mi pasión; porque te amo, te adoro, te deseo, mi vida, mi todo.

El paisaje es hermoso, pero no tanto como lo eres tú, se puede apreciar el reflejo de la luna en los fiordos de este mágico lugar a donde te has ido. Se vislumbran las diminutas luces que visten las calles de los pueblos a los que paso por encima, las carreteras y las grandes ciudades, sólo para llegar un destino fijado por mí, tu corazón, el centro de todo tu ser.

He venido aquí para conquistarte, igual que tú has conquistado estas tierras, intentaré enamorarte como antaño, aunque ni mi edad, ni mi rostro sean los mismos. Nunca te lo dije pero no fui capaz de olvidarte, siempre has estado oculto bajo mi piel, te he sentido constantemente dentro de mí: en mis venas, en el aire que respiro … He notado un agujero, un vacío por decirlo de alguna manera, y no he sabido cómo curarlo, la única forma ha sido cogiendo un avión e ir en tu busca. Espero que lo entiendas y no me des con la puerta en las narices porque si estás ahí dentro, abre la puerta, estoy justo delante de ella.

Mi amor