Una salida: tercera parte

cena romántica

La cena había transcurrido con total normalidad, la comida exquisita; ni uno de los mejores chefs la habría hecho mejor. Tenía un don especial para crear platos increíbles, de sabor inigualable y que incitaban a repetir más y más; la suavidad de la comida, el pequeño toque dulce en cada plato mezclado con el salado hacía enloquecer mi paladar junto con el vino rosado de sabor afrutado que tanto me gustaba. Pero no sólo era la comida lo que me atraía aquella noche, en cierta manera era todo. Todo me incitaba a besarla: el ambiente cálido provocado de forma premeditada por mi anfitriona al colocar a lo largo de la  extensa mesa siete candelabros de precioso color y que sólo me dejaban ver aquello que ella quería que viera; aquel silencio que tan cómodo y tan bien intencionado había creado para dirigir mi mirada hacia ella y así desarmarme con la suya, tan penetrante y atrayente a su vez. Mientras ella cortaba la carne con el cuchillo de su mejor cubertería, sostenido por sus delicados y jóvenes dedos, yo aprovechaba para observarla atentamente sin descuidar ningún detalle; y sobretodo, para contemplar aquel llamativo vestido que llevaba aquella noche, nunca lo olvidaría, era de raso y de un intenso granate, con una tira del hombro derecho ya que el vestido estaba diseñado para que la otra tira se fuera deslizando hombro abajo hasta quedarse en el principio del brazo; aquello le dejaba al descubierto su hombro inzquierdo, de blanca y suave piel que daban ganas de acariciar con los labios.

Pero sobretodo sus labios eran lo que más me atraía de ella, eran perfectos, sobretodo por el carmín que enalzaba su erotismo y me hipnotizaban cada vez que se me movían ya fuera para hablarme o para sonreir, debía de ser un buen pintalabios puesto que con el paso de las horas su intenso color no desaparecía, cosa que se me hacía imposible resistirme a ellos, tenía que controlarme, debía controlarme, ¿por qué mi cuerpo le costaba acatar las órdenes dictadas por mi cerebro? Su largo pelo negro ondulado y recogido al lado como una coleta dejaba entrever parte del cuello, en el mismo costado donde la tiranta estaba medio caída. Aunque ella parecía estar serena habían gestos que la delataban como por ejemplo la respiración, su ajustado y escotado vestido me permitía saber cuándo respiraba más profundamente y cuándo más rápidamente. Me di cuenta cuando mis ojos coincidieron con los suyos de color miel, y aunque no me apartó la mirada hasta al cabo de unos segundos, fue cuando ladeó la cabeza de forma sutil mostrándome aún más su precioso cuello de cisne y por supuesto pude observar que su pecho se elevaba y contraía muy rápidamente, más que antes; noté que por alguna razón no me podía aguantar la mirada más de cinco segundos, aunque su mirada me partió en dos.

Y al girar su cabeza, un mechón de su largo flequillo rozó sus labios carnosos y en ese momento deseé ser aquel mechón de pelo para poder oler su cuello y rozar sus labios sin que ella se diera cuenta. El fuego que venía de la chimenea iluminaba con un color vivo parte del comedor, agradecí que la chimenea estuviera encendida ya que era una casa muy grande y antigua, con lo cual tardaba mucho en calentarse, además, el día había sido bastante frío, la última nevada había cubierto parte de las calles y suponía que en cuanto saliera de aquella casa, aquel pueblo ya estaría aislado completamente así que tendría que pasar la noche en aquella casa. Me notaba bastante extraño, puesto que tenía todo el rato en mente  el tema del tiempo ya que me tenía un poco preocupado, aún así, era como si hasta en aquel preciso instante mi mente no se hubiera percatado del problema que supondría quedarme en la calle con aquel frío que calaba los huesos. Decidí levantarme, sólo para mirar por la ventana, pero no pude ver nada, todo el pueblo se había quedado a oscuras, parecía como si fuera un pueblo fantasma, aún así intenté por todos los medios ver cómo estaba el tema de la nieve para comentarle a mi anfitriona  que teníamos que posponer la cena para otro día…

Al girarme, vi  cómo se me acercaba lentamente con unos movimientos que me hipnotizaban sin darme cuenta y que me obligaban a fijarme en su cintura, en sus caderas…  y en aquel fino vestido de raso que jugaba con mi imaginación. Al llegar a mí, me acarició las manos unos segundos, me giró para que estuviera de cara a la ventana, se alzó de puntillas hacia mí, ladeó la cabeza para estar cerca del oído y me ordenó entre susurros que cerrase los ojos, volvió a mirarme y entrecerró sus ojos y me besó apasionadamente. Yo por un momento también me dejé llevar y cerré los ojos, saboreé sus labios de gusto afrutado que tan loco me habían vuelto durante la cena, acaricié su hombro más descubierto, su piel era  tan suave y emanaba de ella un dulce aroma a coco que me atontaba con sólo acercarme a ella. Pero al abrirlos vi un reflejo que no me gustó para nada, mi anfitriona alzaba lentamente el brazo derecho portando un puñal de una forma bastante peculiar, como si se tratara de un ritual ya que la forma de la hoja no era recta sino que hacía eses y al final del mango sobresalía una especie de perla enorme de color negra con algo dentro pero que no sabía distinguir por la distancia. Además, su forma era diferente, se trataba de un engendro bastante diferente a la belleza que tenía hacía unos segundos ante mí, se trataba de un batracio repugnante que intentaba matarme pero no sabía cómo había surgido de repente sin ni siquiera darme cuenta; de repente todo se volvió negro y una alarma de fondo que cada vez se intensificaba más y más empezó a ocupar mi mente … Me desperté de un salto sin saber bien dónde estaba…. miré por la ventanilla y me di cuenta que permanecía en el barco…

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One response

  1. Thank you for comment. I hope you like the following stories

    June 7, 2012 at 7:02 am

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