La cita

Ya llegaba tarde, como siempre, era imposible que llegara a tiempo a ningún lado.

– “Al final pensaré que tienen algo que ver mis genes…” – Susurró Lidia mientras estaba sola en el cuarto de baño. Se había quedado tan relajada en la ducha notando cómo caía con suavidad el agua por su cuerpo, que perdió la noción del tiempo; además, los pensamientos volvieron a aparecer, no le daban ni un respiro, ni tan siquiera en la ducha; el lugar más relajante del mundo, según ella.

Resulta que había quedado con un tío a través de un amigo, aunque a ella no le apetecía en absoluto verlo, le iría bien salir de allí y despejarse un poco. Llevaba más de medio año intentando superar lo de Mario, pero le había resultado imposible, por mucha rabia que le diera reconocerlo. Bueno, ahora le tocaba secarse el cuerpo, vestirse y pintarse un poco, primero se secó un poco el cuerpo, luego se vistió y finalmente se pintó. Al final lo único que le quedaba era ponerse su perfume preferido para ocasiones especiales, así que no lo dudó ni un segundo, cogió el bote y …

RIIIIIIING, RIIIIIIING, RIIIIIIING, RIIIIIIIING … el móvil estaba sonando, salió corriendo del lavabo y atendió el teléfono:

– “¿Diga?, sí soy yo… ah, pues no te preocupes, si quieres podemos quedar más tarde, o mañana, como quieras. ¡¿Qué, aquí?!, pues hombre, me pillas un poco sorprendida, no he preparado nada y la verdad es que la casa está un poco … lia…, desordenada; ya me entiendes… Que no importa … bueno pues pásate, la calle es … Espera un momento que llaman a la puerta”

RIIIIIING, RIIING …

– “¡Ah! Pero ¿qué haces aquí? ¿cómo sabes dónde vivo? … ah, claro, si tenemos amigos en común … no me acordaba” Bueno, ¿te ha costado encontrarla?, pero por favor, pasa y bienvenido a mi casa. Que sepas que nunca traigo a los tíos a casa en la primera cita, pero contigo haré una excepción”.

Ambos pasaron al comedor, y Lidia le dejó que tomara asiento para que la esperase mientras se acababa de arreglar, aunque lo único que le quedaba era el toque elegante del perfume, asi que cogió el bote de nuevo y se lo llevó al cuello, justo donde empieza, con dos veces ya era suficiente. Como llevaba un vestido de palabra de palabra de honor, sus hombros y cuello estaban descubiertos y de aquella manera el aroma a perfume haría su función, a decir verdad, quería que Marc se sintiera atraído por ella, pero de una forma elegante…

Marc empezó a hablar al verla entrar al salón-comedor, sus palabras fueron perdiendo fuerza cuando vio a Lidia  caminar hacia el sofá y sentarse a su lado, al darse cuenta del “error” volvió a retomar el tema como si no hubiera pasado nada, y cuando acabó le dijo algo así como:

– “Por cierto, estás muy guapa con ese vestido”

Pero el tío estaba como un témpano, ni siquiera miraba a Lidia, y claro está, ella lo interpretó mal. Lidia veía una persona fría y un tanto estúpida, en cambio Marc, la veía guapísima e irresistible… Las estúpidas interpretaciones de cada uno, que aunque estén viviendo la misma situación, realmente la viven de forma diferente, y cada uno se hace una “película” de ellas.

Marc paró de hablar y al final decidió mirarla, pensaba que con unos segundos bastarían para olvidar lo que había pasado al principio de entrar Lidia, así que se volvió para disculparse pero de repente se fijó en su cuello y vio cómo la única gota de perfume que quedaba, iba resbalando lentamente cuello abajo por la suave piel de Lidia… eso no lo pudo soportar, y la besó apasionadamente.

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