¿Una salida? – Parte primera

Desorientada me levanto sin saber bien qué ocurre a mi alrededor, aunque mi actitud raya el pasotismo, en mi interior existe cierta inquietud ante lo que me espera esa mañana. Aunque los días puedan parecer largos y los meses interminables, la verdad es que me he acostumbrado a esto y dejarlo es algo que me cuesta bastante, lo suficiente como para quedarme y dejarlo todo como está. Nada me importa ya salvo mi supervivencia y mi miedo a la muerte, así que parto de inmediato para asegurarme de que nadie me sigue, puesto que lo sé y llevo días notándolo, puedo afirmar que me están siguiendo y que tengo una cierta idea del motivo, pero todavía tengo que aclarar algunas cosas que se escapan de mis conocimientos y que lo averiguaré tan pronto como me sea posible.

Todo esto y más se me pasa por la mente incluso antes de despertarme, me tambaleo inconscientemente en lo que antes era mi habitación y ahora mi guarida, nadie sabe su existencia, pero la última vez estuvieron muy cerca, si no hubiese sido por aquella persona, me hubiesen atrapado y Dios sabe qué torturas me hubiesen practicado para sonsacarme la poca información que sé. Los mareos se intensifican con el paso de los días, hasta hoy no había notado nada en especial, pero noto que el tambaleo no para y que todo da vueltas a mi alrededor, las gotas de sudor recorren mi cuello y se refugian en brazos y pecho hasta abandonarme en la yema de los dedos; y no sólo eso, además la percepción del tiempo también ha variado bastante, veo y siento las cosas que suceden de forma más lentas: veo cómo las gotas de sudor caen contra el suelo a una velocidad lentísima y el sonido de éstas al chocar contra el suelo es cada vez mayor; es como si todo lo que me rodea fuese a una velocidad más lenta que la de mi propio cuerpo, oigo mi respiración muy profunda. Deben de ser los nervios y la falta de descanso.

– “Maldito día, en qué hora se me ocurriría coger aquel libro”. Me lo dijeron, me advirtieron de sus consecuencias incluso antes de que lo llegara a conocer, me contaron leyendas antiguas sobre seres de otros planetas que se distinguían por aquella peculiar y vomitiva apariencia, un cruce entre lo humano y batracio, es una idea inconcebible para cualquier ser humano que escuche estas leyendas relatadas por lunáticos religiosos que querían atemorizar a la población para aprovecharse de ella; pero doy fe de que no son patrañas.

No puedo dormir, no puedo darle la espalda a nada ni a nadie, puesto que existen seres capaces de camuflarse con el entorno, como los camaleones; no puedo vivir … Todas las noches se me repite el mismo sueño una y otra vez hasta que despunta el sol por las colinas: me veo a mí durmiendo en esta misma habitación y veo que ésta, poco a poco se van dibujando en el suelo unas extrañas huellas que rodean la cama silenciosamente; y de repente, algo muy escalofriante empieza a surgir a través de esas huellas de agua. Una masa pegajosa surge de entre esas huellas y se divide en unos diez cuerpos que van elevándose y que toman forma de batracio. Conocidos con el nombre de profundos, se van acercando poco a poco a mí hasta que por fin me tienen rodeada estratégicamente para no dejarme escapatoria alguna. En ese preciso instante es cuando me despierto e intento por todos los medios salir corriendo de allí con la desesperación reflejada en mis ojos pero ellos me retienen ya que saben que yo conozco su secreto, que son lacayos del Gran Cthulhu y que están haciendo sacrificios humanos para poder despertarlo y traerlo a la Tierra para poder iniciar de nuevo su conquista por todo el universo, en el que por supuesto, los humanos seremos blanco fácil para llevar a cabo su venganza. Los gritos rompen el silencio aposentado en la calle St. George, pero nadie puede calmarme, lo único que me hace algo de efecto son los somníferos que me recomendó Susanne, mi psicóloga, pero sólo por unas horas.

Así que me despierto y me incorporo tambaleándome mientras me pongo en pie, y los mareos continuan durante todo el día, mientras yo recuerdo las palabras que me susurró Alfred al oído antes de morir: “no está muerto lo que eternamente puede dormir”. No es la única frase enigmática que he escuchado, existen otras igual de inquietantes: “en su morada del mal, Cthulhu espera ansioso su regreso, y así llevar a cabo su dominio portentoso”. Y con estas palabras, dejó caer mi cuerpo al abandono de las pesadillas que sé que algún día, se harán realidad.

 INSPIRADA EN LAS HISTORIAS DE H.P.LOVERCRAFT

Advertisements

3 responses

  1. Mola, esta genial 😀

    Com acaba?

    May 17, 2011 at 6:52 am

  2. Uf! no tinc ni idea! t’hauràs d’esperar a l’altra entrada 😉
    Doncs aquesta és la màgia de crear!
    Gràcies pel post, amic desconegut.

    May 17, 2011 at 7:08 am

  3. Pingback: ¿Una salida? – Segunda parte | Cuentacuentos = Contacontes

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s