Memorias de un tímido – Capítulo uno

Esta es la triste historia de Agapito Poccio Rubio, una desgraciada criaturita nacida en Madrid, fruto de la unión de una italiana y de un español. Pues bien, este niño fue al parvulario, al colegio, al instituto, a la universidad y siempre le ponían el mismo apodo. Agapito agárrame el pito o, Agapito, don Pito “Pochio”.

 

El día había empezado como otro cualquiera en el tranquilo pueblo de Moncayo, Granada. Para variar había llegado tarde a clase, con lo cual le castigaron; le robaron el bocadillo en la hora del patio, no traía ni un euro para comprar en la cantina, y nadie le había pedido de ir a jugar a fútbol. Era lo que hoy en día y en términos científicos se llama un “homus solitus”, un marginado, un solitario que recorría solo las calles, los patios y las clases. Sus  compañeros se reían de él constantemente, aunque había tenido que aprender a convivir con eso y a tomárselo con ironía, sino quería ponerse enfermo de los nervios; nadie le dejaba copiar los deberes, nadie le ayudaba con los problemas de matemáticas y las ecuaciones de segundo grado, nadie le dejaba los apuntes … todo era, como se dice en Andalucía”, estufíos”. Pero aquél día sí que fue diferente, una alumna nueva había empezado ese mismo día las clases en el instituto donde iba él,  y como siempre, todo el mundo se metía con la nueva, por lo que se olvidaron de Agapito durante toda la semana. La compañera se llamaba Emma y venía de Murcia, se habían trasladado allí porque la empresa de su padre había construido otra sede justamente en ese pueblo, y como era él uno de los altos cargos de aquella empresa, había decidido quedarse a vivir en Moncayo, para controlar la producción y el capital.

 

Emma era una chica de unos 16 años, más o menos; rubia, de ojos verdes, mejillas encendidas y cara angelical, con un cuerpo muy gracioso: estaba delgada pero tenía unas piernas “jamoneras”, que quitaban el hipo; al menos no para Agapito, que siempre tenía. La psicóloga le había dicho que si se tranquilizaba y respiraba a fondo durante un par de minutos, ese hipo desaparecería, pero al ser tan callado y tímido, los nervios lo traicionaban y eso tenía sus consecuencias: empezaba a sudar y a sudar, se mareaba, le temblaba todo el cuerpo, incluso el labio superior; y entre otras cosas, el hipo hacía temblar las pocas partes del cuerpo que no se movían. Él sería el panolis con el que le pondría los cuernos a su todavía novio, y lo grabaría para enviárselo a Quebrantahuesos, su salvaje prehistórica media naranja, ya que era extremadamente celoso, incluso cuando se acercaba algún compañero de clase a hablar con ella. tenía que estar delante para controlar hacia dónde se dirigiría la conversación, y frenar a cualquiera que considerara un aprovechado.

 

Así que Emma puso en marcha su malvado plan para putear a Q. por no querer acompañarla a un pueblo tan aburrido como lo era aquel, y así pasaría el rato maquinando el plan y llevándolo a cabo, así se le haría todo más corto, la idea era mantener la mente ocupada, ¿no?. Tardó unos días para preparar lo que le iba a decir a Agapito para enredarlo en su telaraña llena de trampas y juegos sucios, como era ella en realidad, ya sabía lo que se pondría tanto en el momento de engatusarlo como en el momento de consumar el plan. Así que a las dos semanas, Emma estaba estratégicamente apoyada en el marco de la puerta, comiéndose un chupa-chups, y moviéndose de un lado a otro como si fuese una inocente criaturita; con sus dos coletas, sus uñas pintadas de rojo pasión y su minifalda, que por supuesto se había puesto en el lavabo del colegio para que su tradicional padre no le dijera nada.

 

Agapito pasó al lado de Emma y ella le empezó a hablar de forma insinuante, le dijo que le había gustado su forma de llevar los pantalones con los tirantes, que le encantaban los chicos con ortodoncia, y con gafas de culo de botella, que ella le proponía ser novios porque la volvía loca. Por su parte Agapito, que ya tenía problemas con que se rieran de él, empezó a sudar a chorros, a temblarle el labio … y entre el hipo, el tartamudeo y el tembleque del labio, lo único que pudo decir fue: AIAIADKLAJLA. Parecía que aquello iba a ser más complicado de lo que pensaba Emma, así que preparó un nuevo plan, y este iba a ser infalible.

JAJAJAJA,  risa malvada

 

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2 responses

  1. jejeje, que bo!! espero q publiquis un pròximament!!

    December 16, 2010 at 7:18 pm

  2. Hey!! yo quiero saber el desenlace eh? jajaja

    February 2, 2011 at 1:58 pm

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