Un ruido se coló por debajo de la puerta, era Leo con la misma herramienta de siempre, su llave maestra , como decía él. Era una ganzua comprada hacía unos diez años, era su compañera de fechorías con la que había cometido diversos delitos, el más común, el robo.

Ya habían pasado dos largos años sin haberse visto, dos años en los que Elena había rehecho su vida: tenía un buen trabajo, pareja y un piso en el centro, ya no era aquella estúpida a la que le tomaban el pelo y la trataban de tonta; ya no iba detrás de los niñatos que se hacían tatuajes porque estaban borrachos, y que durante la mañana fardaban.

Un chispazo recorrió el cuerpo de Elena y el pánico se apoderó de ella al recordar unas imágenes de asesinatos, robos con violencia y hojas de navajas goteando de sangre que se agolpaban en su mente, provocadas por su peor enemigo. Corriendo y con la máxima frialdad del mundo, se esoncdió en la casa del vecino desde la ventana, ¿cómo había conseguido su dirección?, si se había cambiado de nombre y apellidos.

Ya estaba salvo, ahora se podría dedicar a descubrir al delator, porque lo pagaría muy caro.

Sigilosamente, Leo entró en el piso y después de cinco minutos buscando, no encontró a nadie; le haría pagar los dos años de cárcel que le cayeron, ¿cómo pudo confiar en aquella zorra? Se disponía a salir de la casa cuando el novio de Elena entró, después de haber salido al trabajo para verla; ¡qué mal día había elegido para visitarla! Leo vio una figura en la puerta y la reacción fue inmediata, levantó el brazo izquierdo con el afilado cuchillo que llevaba en la mano, y se lo clavó en el hombro, quería hacerla sufrir, que se retrociera de dolor, una muerte lenta y dolorosa. Pero cuando escuchó el grave grito que desgarró la garganta, supo que no era ella. Le preguntó quién era y por qué estaba en aquel piso. Cuando supo la verdad, no pudo aguantarlo y lao despedazó con aquel cuchillo.

Se lo volvió a clavar en el otro hombro incrustándoselo hasta el fondo, notó como el hueso se partía mientras el arma se abría paso por entre la carne ,y del fuerte impacto se le resbaló la mano que aguantaba el mango, provocándole profundes cortes en ella. Aún así, no paró de asestarle varias puñaladas hasta que el cuerpo del muerto cayó al suelo desangrado.

Limpió como pudo el arma y se marchó dejando unas huellas de sangre que se encaminaban hacia la puerta.

Advertisements

One response

  1. Molt bona!! haver com continua la historia 😉

    August 31, 2010 at 11:03 am

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s