La gran carrera de los viernes

Mañana por fin será viernes, y se nota en el ambiente, pero no por ser último día laboral para muchos trabajadores cuyas jornadas son muy largas y necesitan descansar, no por la alegría que invade a los niños por desprenderse de los estudios, los deberes… Así como a los profesores cuyas condenas consisten en aguantar una panda de diablillos durante 5 días consecutivos; no porque venga el fin de semana… ¡NO! Sino porque en las calles se da una situación que a lo largo de la semana es impensable y que sólo ocurre los viernes, un acontecimiento que lo podríamos calificar de extraño, anormal o, quizá, paranormal y, que incluso ha sido objeto de estudio a nivel mundial. Lo huelo, huelo el pánico de las personas al pensar en el viernes.

Siempre sucede desde primeras horas de la mañana hasta las nueve o diez de la noche o, incluso, más tarde, y es que se puede apreciar muy bien desde el balcón de nuestra propia casa, los coches, las bicicletas, las motos, paseando… en cualquier sitio, a cualquier hora y desde cualquier lugar, siempre vislumbraremos en el horizonte, tras un sol creciente, una silueta de una solitaria ancianita preocupada por la salud de sus nietos y, acompañada de su fiel Rocinante, su carro de la compra, incluso de su bastón multiusos, y su perrito Peper. Cada viernes podemos ver las calles atestadas de carros de todo tipo: altos, pequeñitos, bajitos, enormes, verdes, amarillos… y cada viernes lo mismo, no conforme con las desesperadas horas de cola que sufren los trabajadores para ir a sus respectivos trabajos, también tienen que padecer las que se forman en las aceras. Hileras de carros, de quilómetros de carros, yendo y viniendo de todas direcciones: en diagonal, de frente, en contra dirección… desde los ayuntamientos están intentando solucionar estos colapsos proponiendo carriles-carro para poder despejar las aceras y volver a la normalidad. Por eso, y desde este humilde blog, quiero compartir con vosotros mi experiencia, la vivencia más terrible que jamás haya tenido, ya que mi psiquiatra me ha aconsejado que lo comparta con cualquiera, que me sentiré mejor, pero aún lo recuerdo y lo revivo como si hubiese sido ayer; todavía lo siento …

Era un día nublado y gris, el hombre del tiempo avisó que llovería, así que bajé más temprano a la calle, tan contento porque por fin era viernes y podría irme a Lanzarote, ya que me habían dado vacaciones que justamente comenzaban aquella misma tarde. Como cada mañana, bajé a comprar el periódico al kiosco de la esquina, fui a comprar el pan y esas pastitas tan buenas que se deshacen en la boca y que están rellenas de chocolate, crema o nata; pues bien, me las compré de todos los sabores. Así que iba yo tan tranquilamente con mi diario bajo el brazo, mi barra en el otro, y deleitándome con las pastitas que, eran mejores a cada bocado; tan absorto estaba en mis pensamientos, tan ensimismado en saborear ese manjar, en fin, tan despistado que no presté atención a la ¡lunática esa!, perdón, a esa señora. Sucedió todo tan rápido … yo no sabía que tenía que mirar a lado y lado de la calle, también, para evitar accidentes fatales, ¡NO LO SABÍA, NADIE ME LO EXPLICÓ en las clases de educación vial! Así que mis deliciosas pastitas, mi barra de pan y mi periódico volaron por los aires y llegaron a unos ciento cincuenta metros de distancia de la salida de la panadería, destrozados, y yo … yo, del tremendo golpe y de los nervios perdí el conocimiento unos minutos,de repente la vi encima de mí, fue visto y no visto. En realidad vi una sombra acercarse hacia mí con demasiada velocidad pero pensé que sería un pájaro, o algo por el estilo; pero no, sólo escuché el fuerte impacto y todo sucedió a cámara lenta: yo iba cayendo lentamente, gritando desconsolado por el susto e intentando frenar la caída, aunque fue el suelo quien la paró. Luego noté que algo muy pesado se caía encima de mí y me partía algo, aunque no logré atisbar en un principio de qué se trataba; y finalmente, vi el carro volcar y dar dos vueltas de campana esparciendo las frutas por el suelo, aunque lo que más me llamó la atención fue el sonido de las ruedas que chirriaban lentamente cuando el carro por fin chocó contra el suelo. Lo peor fue cuando, encima, la mujer se levantó y me estuvo dando palos con el bastón durante cinco minutos, hasta que la pudieron separar; pero aun así, todavía recuerdo sus gritos de locura al ver su carro destrozado y no paraba de soltar por esa desdentada boquita insultos y frases peyorativas hacia mi persona.

Todavía tengo pesadillas y dudo mucho que lo pueda superar, me levanto chorreando en sudor, con la cara desencajada por recordar el suceso una noche tras otra y, con lágrimas en los ojos; porque sé que mi asesina sigue libre, dando vueltas con el carro alrededor de mi calle por haber destrozado su flamante chatarra. Así que en caso que no vuelva a escribir más, quiero deciros a todos que ¡TODAVÍA SIGUE ALLÍ VIVA Y QUE TU PUEDES SER EL SIGUIENTE EN SU LISTA!

Por favor, envía este mensaje a todos tus conocidos, puede que salves una vida. POR UNA SOCIEDAD LIBRE DE ACCIDENTES de carritos de la compra.

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