¿Fantasía o realidad?

… Y allí estaba Marta en un antiguo altar, estirada y medio dormida.

¿Cómo había llegado a aquel lugar? – Lo cierto es que no se acordaba de nada y lo peor era que no sabía dónde estaba.

Al cabo de un rato, se incorporó todo lo que pudo para observar la enorme sala donde estaba:

-¿Qué era? – Se preguntó a media voz.

Lo poco que pudo observar fue la escasa luz de la sala, sólo habían unas cuantas velas encendidas alrededor de ella, en forma de círculo. Era muy extraño todo aquello necesitaba salir de allí; así que cogió una vela y se dirigió al fondo en busca de una puerta que no fue capaz de encontrar, ni tan siquiera una ventana, ¡nada!

El nerviosismo se apoderó de ella, el pánico se reflejó en sus ojos, en aquellos penetrantes e inocentes ojos. De repente, un ensordecedor ruido retumbó en toda la sala: techo, suelo y paredes. El ruido venía de un lado de ésta debido a la aparición de una puerta que antes no había; al abrirse, Marta vio un reflejo de una figura iluminada por  una luz muy intensa que llegó a cegarla.

Mientras la figura, tranquilamente, se dirigía hacia ella, Marta miró hacia un lado y hacia otro para encontrar un sitio donde esconderse pero no había nada. Además, su cuerpo no la obedecía, como si una fuerza externa lo controlara; así que a su pesar se volvió a tumbar. Sus lágrimas brotaron de sus ojos, su respiración entrecortada se hacía cada vez más rápida debido al lento sonido de los pasos que poco a poco se le iba acercando y se le iba incrustando en los oídos. Finalmente la figura llegó al altar y miró a ladesconcertada Marta, ésta pudo emitir un leve grito al ver que sólo era una túnica y que no había nada debajo, o eso parecía.

La figura dejó al descubierto su rostro y Marta pudo tranquilizarse un poco al ver la expresión angelical de ésta; además de dejarse ver la cara, se quitó la túnica y se presentó:

-“Hola, soy David y he venido a hacer realidad tus deseos”.

Marta se quedó extrañada porque no recordaba cómo había llegado hasta allí, y qué deseaba; pero muy pronto lo comprobó.

Se volvió a incorporar y descubrió que David estaba completamente desnudo y que la estaba tocando. Ella quería escapar, la estaban tocando sin su consentimiento pero unos grilletes, que no sabía de dónde habían salido, le impedían huir. Eso, y que David estaba prácticamente encima de ella.

Él empezó a hablarle al oído, cosa que la excitaba bastante, muy a su pesar; le empezó a besar el cuello: primero un lado, después el otro, lenta y sensualmente, marcando sus cálidos labios en la piel de ella. Marta cerró los ojos y sintió cómo se transportaba a otro mundo y, cuando los abrió, vio que estaba en otro sitio; en una selva donde empezó a llover. David, con delicadeza, lamió las gotas que acariciaban los labios de Marta, la besó suavemente y sus manos cálidas y suaves iniciaron un recorrido descendente. Al cabo de un rato, los besos se tornaron cada vez más intensos y profundos y, sus manos, objetos de placer.

Un débil gemido rompió el silencio causado por un beso muy húmedo. David se posó en su cintura y allí se instalaron sus sensuales labios, la hicieron vibrar; todo su cuerpo latía cuando la besaba o la tocaba en cualquier parte de su cuerpo. La estaba volviendo loca, no sabía por qué, pero sentía que estaba cumpliendo sus fantasías más secretas y desconocidas incluso para ella; aunque no conociera de nada a David. Pero eso no le importaba ya que estaba disfrutando, y mucho, del joven y atractivo David.

Pasión, deseo y júbilo, tres palabras que resumían a la perfección el momento. Después de haberse instalado en su cintura, David volvió a subir para quedarse en los pechos de Marta, los rozó con sus labios y otro gemido volvió a escurrirse por la garganta de ella.

Al cabo de un rato, la temperatura aumentó considerablemente, ya no estaba lloviendo, es más, hacía un calor insoportable; era mágico, cada vez que cerraba los ojos, el paisaje cambiaba como por arte de magia; aunque el altar nunca cambiaba. Incluso ella llegó a pensar que se lo estaba imaginando, estaba tan excitada que …

Fue entonces cuando sintió que David iba en serio, que quería hacer algo más que tocarla y besarla. La mano empezó a deslizarse por su cuerpo, sabía hacia donde se iba a posar y ella lo deseaba; volvió a recorrer su torso desnudo dejando un camino de besos hasta llegar a su zona más caliente. Sus piernas se tensaron de placer y …

Marta se despertó de golpe y aturdida ¿dónde estaba? Habían desaparecido: el altar, las velas, el templo, David … ella se giró y vio que la cama estaba vacía, como siempre; que todo había sido producto de su imaginación, de sus fantasías; se sintió desgraciada. Pero al ver unos calzoncillos agujereados y sucios y, unos calcetines malolientes tirados por el suelo, haciendo un peculiar camino hasta el lavabo donde se encontró con un hombre bostezando y rascándose la nalga izquierda, comprendió que allí estaba su Romeo, el hombre de sus sueños.

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One response

  1. mmmmmmmmmm….. ROAR!! jo vull ser el “David” d’algú!!
    Molt bona historia, m’ha agradat molt!
    Continua així!! que per aquí esperem noves publicacions!

    October 16, 2009 at 11:39 am

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