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Una reunión peculiar … – Segunda parte

Nos quedamos justo uno ante el otro, mirándonos callados y casi a la misma altura, pues mis tacones son bastante altos, para ponerme a la altura de mis superiores cuando tenemos reunión importante. De repente sus manos recorren las mangas de mi camisa de seda y se dirigen hacia mi cuello, aunque antes se posan sobre mis hombros y como haciendo un impulso, su cara se acerca más y más a mí, hasta quedar nariz contra nariz; así que abre la boca y en un susurro me suelta la siguiente frase:

– “Desde que te he visto entrar por la puerta, me han venido ganas de besarte. Tienes algo que me atrae y que es como si te conociera de toda la vida. No sé cómo explicarlo, creo que tú también has sentido lo mismo, créeme, nunca abordo de esta manera a las chicas guapas de ninguna oficina y actúo así”-.

Lo cierto es que a cada hora que pasaba, me sentía más atraída por él, pero intentaba desviar mi mente para solucionar el tema que me había hecho ir a allí, ¿por qué durante todo este tiempo he tenido la mente tan nublada?, es que soy una estúpida, no sé qué hacer ahora, yo me iría corriendo, pero me está barrando el paso… Y mientras mi cerebro intentaba dirigir mi cuerpo hacia la chaqueta, William me besó apasionadamente, los brazos que aún estaban apoyados en los hombros, bajaron hasta mis antebrazos y se posaron allí hasta después de aquel mágico beso que, al cabo de unos segundos, minutos… se convirtieron en hambrientos y desesperados. Sus brazos no paraban de moverse y de posarse en todos los sitios de mi cuerpo: los brazos, la cara, el pelo, la espalda, hasta deslizarse por la parte baja de la espalda y posarse justo en el comienzo de las nalgas. Lo cierto era que él desprendía magia en cada uno de sus movimientos, y aunque me intentara deshacer de él, que no lo quería, era imposible porque me hechizaba. Me llevó hasta el sofá que estaba justo delante de la chimenea, no sé si era él o es que todo desprendía una magia sin igual, pero nos sentamos allí los dos y empezamos de nuevo nuestro ritual de besos, esta vez fui yo la que buscó sus labios, tan suaves y carnosos. Como mi estúpida falda no me dejaba sentarme en su regazo con las piernas abiertas, me senté con las piernas juntas mirándole y empecé a besarle el cuello y él, por la tensión del momento, empezó a deshacerme la cola y a tocarme el pelo de una forma, me desabrochó la camisa y me la quitó sin miramientos. No me di cuenta, pero el salón estaba cerrado y nadie podía entrar, ni salir; fue él quien me lo dijo justo cuando me dejó con el sujetador al descubierto:

-“Eres preciosa” – me dijo, me levantó, me dio una vuelta con mi sujetador de la suerte y mi falda ceñida y me volvió a sentar a su lado.

Justo cuando me había quitado la falda y me estaba besando con apasionante inquietud mientras su mano se deslizaba firme y suave por el pecho, la barriga y …  me desperté. ¡Había sido sólo un estúpido sueño!, pero cuando me di la vuelta para coger otra vez el sueño, allí estaba él, dormido y con una mano en su pecho desnudo mientras las sábanas tapaban el resto del cuerpo.

 

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Una reunión peculiar … – Primera parte

Las sombras se proyectaban en las paredes del enorme comedor formando una estampa típica de película, en aquella mesa no faltaba detalle alguno: lo que más destacaba era un enorme candelabro situado en el centro acompañado de pequeñas velas que rodeaban la cara cubertería de plata que hacía tantos años que estaba guardada a buen recaudo, junto con los otros recuerdos dolorosos. Cuando el mayordomo se adentró en el salón comedor para anunciarme, el dueño de la mansión estaba posado en la chimenea con cara pensativa, pasaron unos segundos hasta que reaccionó, parecía absorto en algún tema importante, supuse que estaría relacionado con la empresa. Aunque disimuló bastante bien, la extraña expresión que reflejaba al principio, la vi con claridad, su cara desprendía algún tipo de magnetismo que hacía difícil dejar de mirarlo, a parte de su increíble atractivo; puede que la tenue iluminación también jugara a su favor, puesto que con la chimenea y el candelabro no era suficiente para iluminar toda la estancia. Aunque se tratara de una cena de negocios, me pareció peculiar que el señor William me invitara a su casa, normalmente estas cosas se discuten en un buen restaurante, pero como la empresa donde trabajo depende de mí, no quería causar ningún inconveniente en esta delicada transacción, así que me mentalicé que venía en calidad de representante para explicar por qué sería beneficioso realizar una fusión. Como la documentación que guardo en la carpeta que traigo conmigo es muy importante para poder llevar a cabo mi cometido, la redacté y revisé personalmente, para evitar cualquier problema por pequeño que fuera, y como llevo bastante tiempo trabajando en ello y soy la única que conoce de primera mano la situación real de dicha transacción, decidí dedicarme en cuerpo y alma a ello durante toda la semana: recogiendo datos, preguntando a los altos cargos y, sobretodo, poniéndome en contacto con el señor William.

Lo primero que hice al entrar al salón comedor fue caminar directamente y con paso firme hasta donde estaba de pie el dueño de la casa y saludarlo con un apretón de manos y decirle mi nombre, claro. Su mano era firme y suave, una sensación de cercanía recorrió mi cuerpo y de repente noté como si el tiempo se detuviera, lo cierto es que me miraba fijamente y no me soltaba la mano; así que tuve que separarla al cabo de unos interminables segundos, la situación estaba siendo incómoda por momentos. Aunque un ligero cambio se mostró en su expresión, rápidamente desvió mi atención alzando la mano derecha y extendiéndola en el aire, haciendo el típico gesto para invitar a alguien a tomar asiento, en este caso en uno de los sillones que adornaban la sala; así que tomé asiento y adopté una postura formal para dar pie a la conversación. Aunque mi vestimenta era de lo más formal, tenía un pequeño toque informal, el tipo de falda escogida. Para aquella ocasión tan especial, escogí una traje de color negro formado por una americana y una falda de tubo, y para no parecer que fuera a un funeral, me puse una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados, cuya apertura dejaba a la vista aquel precioso colgante que me regalaron y que siempre llevo con él, como un talismán o un recuerdo que nunca me hará olvidar de dónde procedo. Cuando el señor William tomó asiento, noté cómo me miraba con disimulo, no sé si el colgante o mis pechos, prefiero pensar que su mirada iba dirigida al colgante, aunque sí que es cierto que no paró de mirarme hasta que se sentó completamente; otra vez la situación incómoda, por eso prefiero ir a restaurantes, allí el aire es más distendido, se trata de un espacio abierto. Normalmente paso desapercibida y me gusta ser discreta y con esta idea creo que todo el mundo piensa de la misma forma y que tiene que ser igual de discreto; por eso, cuando me enfrento a situaciones así, la incomodidad me desequilibra por completo e intento desviar la atención de la persona con la que estoy, es una táctica que nunca falla, al menos nunca me ha fallado; así que la pongo en práctica… empiezo a hablar y para sacarlo de su ensimismamiento, muevo la carpeta con los documentos, de esta manera ya no me mira a mí, sino que mira la carpeta y así lo vuelvo a atraer al tema de conversación y poder salir de allí lo más rápido posible.

– “Buf, parece que ya ha vuelto en sí”, – me dije, así que continué con la explicación para hacerle entender por qué narices era importante aquella fusión y en qué se iba a beneficiar su empresa . Le enseñé todas las estadísticas, todos los power points y toda la documentación que llevaba conmigo, y al finalizar la explicación, que me llevó una hora escasa, me miró, se levantó y lo único que dijo fue:

– “Ah, lo siento, debería haberte ofrecido una copa de algo antes de nada, debes de estar sedienta”. –

Con la mejor de las caras que aquel momento me permitía, le contesté: – “No se moleste señor William”-

No funcionó, fue al mueble bar, y me ofreció una copa de … realmente no soy muy buena en esto, creo que era una copa de vino tinto afrutado, bastante bueno y dulce, pero que realmente me importaba poco, sólo quería saber qué era lo que pensaba de mi exposición, pero parecía que mi pregunta iba a tardar bastante en ser respondida. Después de la copa, y de dos intentos de centrarnos en el tema, nos sentamos a la mesa para tomar la cena; no me había fijado del todo hasta a aquel momento, pero el tío era bastante atractivo, aunque me llevara unos 15 años de más, lo cierto es que tenía algo que llamaba mucho la atención pero no lograba discernir qué era, ¿tal vez sus ojos de color caramelo, su barba de dos semanas, sus labios…? sabía que era algo de su cara pero no lograba entender de qué se trataba.

– “Se ha quedado usted boquiabierta, señorita…” –

– “Graham, perdone, Sarah”-

– “Oh, cierto, Sarah”, ¡qué nombre tan fascinante!, ¿sabe una cosa, señorita Sarah?, usted podría trabajar para mi empresa, de hecho le pagaría bastante más que ese aprendiz de pez gordo de su empresa”-

-“¿Cómo dice señor?, no, no, no sé a qué viene esto, pero le aseguro que estoy bastante a gusto trabajando con el señor Adrian, así que por favor, dígame lo que piensa de la exposición que le hecho, así podremos olvidarnos de todo este asunto lo antes posible. ¿No cree señor William?” – Lo cierto es que cuando acabé esta última palabra una angustia invadió mi cuerpo, con los ojos abiertos empecé a buscar excusas tontas para huir de allí, así que me levanté y me fui directa al baño. Dentro del baño, cerré la puerta con pestillo y me puse ante el espejo, me mojé un poco la cara, y me pasé el agua fría por todas partes: por la nuca, la frente, las manos… así hasta intentarme tranquilizar un poco:

– “¡¿Se puede saber qué narices te pasa?! ¿has perdido el norte? ¿desde cuándo te comportas como una colegiala estúpida a la que le tiran los tejos por primera vez? ¿qué ha sido de eso de “No cree señor William?”, cogiendo la copa de vino mientras la mira y le dedica una de las miradas más sexy que me haya podido inventar?”- Así que auto convencida, vuelvo al salón y, en silencio, me siento y vuelvo a intentar desviar el tema de conversación hacia el tema que en aquella noche nos atañe, pero cuando alzo la cabeza para mirar a William, él ya no está allí, está justo detrás de mí. Con un respingo retiro la silla y me levanto lo más rápido que puedo, me dirijo a coger la chaqueta pero él se adelanta con una rapidez señorial y me barra el paso, aunque realmente no utilizaría aquella palabra.

¿Una salida? : una breve explicación …

La verdad no sé si le importo a alguien, siempre pienso en abandonarlo todo a su suerte y tirar la toalla, tampoco conozco las consecuencias reales de dejar esto a medias; puede que me esté equivocando al abandonar pero sinceramente no veo que nadie se preocupe por mí y por lo que estoy haciendo, así que ¿por qué intentar salvar el mundo si al mundo no le importo? ¿Por qué no esconderme en algún rincón donde no puedan encontrarme y olvidarme de este asunto que tampoco lo he pedido?

El desánimo me vence en este trayecto y tampoco recibo mucho apoyo, cada uno vive un poco en su mundo sin preocuparse por los demás y cada uno toma sus decisiones sin darse cuenta de que hay personas que puede que les afecte directa o indirectamente, ¿por qué sino se me fue asignada para esta carga? conozco a alguien que esto sería una forma de aprender pero yo simplemente lo veo como una carga, un muerto que hay que cargar hasta llegar a su destino. Y, mientras, el mundo sigue girando sin saber que fuerzas oscuras están intentando romper el equilibrio natural de la vida. De todas formas, a parte de ser un encargo bastante complicado de por sí, encima he encontrado algo interesante y espeluznante a la vez en estos libros desperdigados por la mesa y mis piernas; se les conocen como los moradores de la mente y del alma, estos seres eran temidos por los verdaderos sabios de nuestra historia ya que son capaces de introducirse en tu mente y manipularte de tal manera que sientes que el mundo se ha vuelto del revés, lo que es blanco ahora es negro y viceversa; dicen que se alimentan de las almas de los pobres inconscientes que se dejan dominar por estas malditas criaturas. Si se introduce uno en tu cuerpo es poco provable que puedas volver a atrás, aunque no imposible, si se siguen una serie de pasos; aunque hay que decir que a veces la propia mente nos prepara trampas bastante engañosas que nos hacen creer cosas que no son y cuando se lleva a cabo “la cura” sin estar “infectado”, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Siento un sueño repentino … siento como mi cuerpo se desvanece poco a poco y la inconsciencia se abre camino … ¿Ha sido un sueño o es real? Me despierto en una habitación aparentemente oscura, me intento incorporar poco a poco, no sé cuánto tiempo llevo aquí dentro pero me empieza a sonar la habitación … voy recuperando la memoria … y ya recuerdo dónde estaba, en el barco, en el camarote… no sé qué hora es y el silencio me llama mucho la atención, ¿será la hora de dormir? Lo que sí sé es que me dan escalofríos esta situación, y no puedo abrir la puerta… los nervios vuelven a tensar mi cuerpo hasta más no poder e intento no hacer ruido para que no me encuentren… aguanto la respiración y los ojos los abro de par en par sin ni siquiera darme cuenta, noto cómo el corazón me late cada vez más fuerte y a veces tengo la sensación de que los latidos se pueden escuchar desde el pasillo. Estoy sentada con la espalda apoyada en la pared y las piernas cruzadas para controlar mi cuerpo y así no hacer ningún ruido.

De repente un ruido se escucha en el pasillo…

¿Una salida? : cuarta parte

Los días se hacían eternos, la verdad es que estar casi una semana encerrada en un barco estaba acabando conmigo. Permanecía encerrada en el camarote la mayor parte del tiempo, sólo cuando era absolutamente necesario para mi mente y para aclarar mi cabeza que por momentos se estaba trastornando cada vez más; no sabía si eran sueños o pura realidad lo que estaba viviendo, tenía la sensación de vivir en un mundo paralelo lleno de peligros y criaturas de lo más repugnantes, ni en las peores historias de terror había visto monstruos de semejante apariencia.

Al principio pensaba que esos “sueños” se debían a los nervios de haberme subido por primera vez en un barco y que encima tenía que permanecer unas dos semanas y media que duraba el trayecto; pero al cabo de los días la mente se me había nublado por completo y ya no era capaz de distinguir la realidad de la ficción, era tanta la atmósfera de confusión que me envolvía que me venían a la cabeza las mismas imágenes que me habían alarmado y habían hecho coger un barco hacia un destino todavía desconocido para mí. 120 Horas después de realizar el embarque lo único que tenía eran pesadillas en mi cabeza, estaba más asustada de lo normal y decidí salir del camarote para despejarme un poco, debían ser alrededor de las 3.30 de la mañana, yo sola en cubierta intentando relajarme mirando el rastro de estrellas que dejábamos a nuestro paso; era la única manera que había descubierto para oxigenar la mente. Al caminar por popa y asomarme por encima el casco me pareció ver una ligera estela verdosa tan atrayente como insólita que brillaba a través de las aparentes aguas tranquilas del mar; la verdad es que tal y como estaba dispuesta parecía como si nos siguiera puesto que estaba justo al lado del barco. Intenté acercarme cuanto pude para poder diferencias alguna sombra que me pareció dislumbrar pero lo achaqué a la locura que parecía que estaba desarrollando por momentos; aunque sinceramente, cuando eran las 4.30 de la mañana, media hora antes de ver la aurora, vi un ligero respandor de color verdoso en el horizonte, el mismo color que el de la estela que minutos antes había advertido. Jamás había observado nada igual, justo cuando aquella luz apareció y se empezaba a extender por el mar, éste se embravecía por momentos, parecía como que los animales intentaban huir del propio agua; el mar comenzó a temblar y a burbujear, y en seguida se llenó de peces que habían subido a la superficie, algunos de ellos saltaban, y otros permanecían de costado moviéndose desesperadamente, como si se estuvieran ahogando.

Lo cierto fue que me entró pánico al ver tremenda escena, pero ¿qué iba a hacer?, ¿contarlo?, ¿a quién? … me tomarían por una lunática que lo único que quería era asustar a la tripulación y a los pasajeros … pero este no fue un suceso aislado, de hecho a partir de éste empezaron a suceder, en un primer momento, pequeñas anomalías sin importancia, como: apagones, ruidos por los pasillos de pasos ahogados en agua y levantarnos por las mañanas con un ligero olor a putrefacción que duraba 5 horas, hasta que salía el sol; aunque no se sabía de dónde podía provenir, ya que desaparecía al cabo de poco tiempo. Los marineros parecían bastante nerviosos por la situación, aunque lograban disimular bastante bien, pero a mí no me podían engañar, desde siempre había adquirido una habilidad innata para saber lo que pensaba una persona a través de sus movimientos, gestos y formas de hablar. Se fueron sucediendo los días y los casos aislados se convirtieron en más serios, como por ejemplo, el de la noche pasada, cuando una mujer comentó asustada que habían intentado abrir la puerta de su camarote. Primeramente picaron a la puerta con bastante fuerza y viendo que nadie contestaba, empezaron a mover y girar el picaporte, pero lo más extraño era la sombra … en teoría la sombra suele quedarse por detrás de la puerta, ya que la persona está fuera; en este caso y según palabras textuales de la señora, la sombra traspasó la puerta y la forma de ésta era bastante inquietante, no se parecía a nada conocido … parecía una mezcla entre animal y persona, con garras y brazos deformados que cada vez se acercaban más a ella pero antes de que se acercaran más, ella gritó tan fuerte que cuando volvió a abrir los ojos, la sombra había desaparecido.

Por supuesto, yo no me acerqué para nada a la “escena del crimen”, intentaba pasar desapercibida entre los demás pasajeros ya que estaba convencida de que alguno de los que estaban en el barco me vigilaba, y puede que de cerca. Aún así, no me hizo falta puesto que  fue la comidilla del barco durante los 2 días siguientes; la verdad es que la tensión se podía palpar en el ambiente. Al tercer día de aquel incidente, es decir, 8 días después de embarcar; también de noche, ocurrió una situación bastante complicada de explicar, el barco empezó a inclinarse pese a la tranquilidad del agua y en el lado opuesto de la inclinación del barco, se escuchó chapotear a algo bastante grande, puesto que el ruido era bastante explosivo, aún así nadie logró explicar qué era lo que inclinaba el barco y por qué, pese al chapoteo, el barco no se movía más bruscamente y sólo seguía inclinándose lentamente. Aquella noche nadie pudo dormir y los gritos se convirtieron en el inicio del desastre, las idas y venidas, supongo que del personal de tripulación intentando calmar a los pasajeros, y de los propios pasajeros dominados por el pánico de morir en altamar. A las 5 de la mañana lograron calmar a todo el mundo, sobretodo porque los movimientos cesaron repentinamente; ahí me di cuenta de que la situación era mucho más complicada y que no tenía escapatoria alguna, mi fin estaba cerca y no podía esconder todo el material que llevaba conmigo, puesto que estaba segura que destrozarían el barco sólo para encontrar lo que llevaba, de hecho estaba segura de que la inspección se estaba llevando a cabo desde hacía tres días, justo cuando aquella sombra se coló por debajo de la puerta.

Sabía que el barco era uno de los peores medios para desplazarme hacia mi destino, pero realmente no tenía opción, el avión hubiese sido peor, conocía un caso bastante impactante que sucedió años atrás, cuando Alfred me comentó en su lecho de muerte de la existencia de seres de otro mundo y de la importancia de salvaguardar todos sus conocimientos de aquella especie que no dudaría en liquidar toda la humanidad para encontrarlos … Ahora el pánico me invadió por completo y perdí el conocimiento en medio de una auténtica situación de emergencia.

Una salida: tercera parte

cena romántica

La cena había transcurrido con total normalidad, la comida exquisita; ni uno de los mejores chefs la habría hecho mejor. Tenía un don especial para crear platos increíbles, de sabor inigualable y que incitaban a repetir más y más; la suavidad de la comida, el pequeño toque dulce en cada plato mezclado con el salado hacía enloquecer mi paladar junto con el vino rosado de sabor afrutado que tanto me gustaba. Pero no sólo era la comida lo que me atraía aquella noche, en cierta manera era todo. Todo me incitaba a besarla: el ambiente cálido provocado de forma premeditada por mi anfitriona al colocar a lo largo de la  extensa mesa siete candelabros de precioso color y que sólo me dejaban ver aquello que ella quería que viera; aquel silencio que tan cómodo y tan bien intencionado había creado para dirigir mi mirada hacia ella y así desarmarme con la suya, tan penetrante y atrayente a su vez. Mientras ella cortaba la carne con el cuchillo de su mejor cubertería, sostenido por sus delicados y jóvenes dedos, yo aprovechaba para observarla atentamente sin descuidar ningún detalle; y sobretodo, para contemplar aquel llamativo vestido que llevaba aquella noche, nunca lo olvidaría, era de raso y de un intenso granate, con una tira del hombro derecho ya que el vestido estaba diseñado para que la otra tira se fuera deslizando hombro abajo hasta quedarse en el principio del brazo; aquello le dejaba al descubierto su hombro inzquierdo, de blanca y suave piel que daban ganas de acariciar con los labios.

Pero sobretodo sus labios eran lo que más me atraía de ella, eran perfectos, sobretodo por el carmín que enalzaba su erotismo y me hipnotizaban cada vez que se me movían ya fuera para hablarme o para sonreir, debía de ser un buen pintalabios puesto que con el paso de las horas su intenso color no desaparecía, cosa que se me hacía imposible resistirme a ellos, tenía que controlarme, debía controlarme, ¿por qué mi cuerpo le costaba acatar las órdenes dictadas por mi cerebro? Su largo pelo negro ondulado y recogido al lado como una coleta dejaba entrever parte del cuello, en el mismo costado donde la tiranta estaba medio caída. Aunque ella parecía estar serena habían gestos que la delataban como por ejemplo la respiración, su ajustado y escotado vestido me permitía saber cuándo respiraba más profundamente y cuándo más rápidamente. Me di cuenta cuando mis ojos coincidieron con los suyos de color miel, y aunque no me apartó la mirada hasta al cabo de unos segundos, fue cuando ladeó la cabeza de forma sutil mostrándome aún más su precioso cuello de cisne y por supuesto pude observar que su pecho se elevaba y contraía muy rápidamente, más que antes; noté que por alguna razón no me podía aguantar la mirada más de cinco segundos, aunque su mirada me partió en dos.

Y al girar su cabeza, un mechón de su largo flequillo rozó sus labios carnosos y en ese momento deseé ser aquel mechón de pelo para poder oler su cuello y rozar sus labios sin que ella se diera cuenta. El fuego que venía de la chimenea iluminaba con un color vivo parte del comedor, agradecí que la chimenea estuviera encendida ya que era una casa muy grande y antigua, con lo cual tardaba mucho en calentarse, además, el día había sido bastante frío, la última nevada había cubierto parte de las calles y suponía que en cuanto saliera de aquella casa, aquel pueblo ya estaría aislado completamente así que tendría que pasar la noche en aquella casa. Me notaba bastante extraño, puesto que tenía todo el rato en mente  el tema del tiempo ya que me tenía un poco preocupado, aún así, era como si hasta en aquel preciso instante mi mente no se hubiera percatado del problema que supondría quedarme en la calle con aquel frío que calaba los huesos. Decidí levantarme, sólo para mirar por la ventana, pero no pude ver nada, todo el pueblo se había quedado a oscuras, parecía como si fuera un pueblo fantasma, aún así intenté por todos los medios ver cómo estaba el tema de la nieve para comentarle a mi anfitriona  que teníamos que posponer la cena para otro día…

Al girarme, vi  cómo se me acercaba lentamente con unos movimientos que me hipnotizaban sin darme cuenta y que me obligaban a fijarme en su cintura, en sus caderas…  y en aquel fino vestido de raso que jugaba con mi imaginación. Al llegar a mí, me acarició las manos unos segundos, me giró para que estuviera de cara a la ventana, se alzó de puntillas hacia mí, ladeó la cabeza para estar cerca del oído y me ordenó entre susurros que cerrase los ojos, volvió a mirarme y entrecerró sus ojos y me besó apasionadamente. Yo por un momento también me dejé llevar y cerré los ojos, saboreé sus labios de gusto afrutado que tan loco me habían vuelto durante la cena, acaricié su hombro más descubierto, su piel era  tan suave y emanaba de ella un dulce aroma a coco que me atontaba con sólo acercarme a ella. Pero al abrirlos vi un reflejo que no me gustó para nada, mi anfitriona alzaba lentamente el brazo derecho portando un puñal de una forma bastante peculiar, como si se tratara de un ritual ya que la forma de la hoja no era recta sino que hacía eses y al final del mango sobresalía una especie de perla enorme de color negra con algo dentro pero que no sabía distinguir por la distancia. Además, su forma era diferente, se trataba de un engendro bastante diferente a la belleza que tenía hacía unos segundos ante mí, se trataba de un batracio repugnante que intentaba matarme pero no sabía cómo había surgido de repente sin ni siquiera darme cuenta; de repente todo se volvió negro y una alarma de fondo que cada vez se intensificaba más y más empezó a ocupar mi mente … Me desperté de un salto sin saber bien dónde estaba…. miré por la ventanilla y me di cuenta que permanecía en el barco…

El próximo miércoles día 15 de febrero a las 22:00 h vamos a dedicar la sesión de SocialBiblio a la figura del communiy manager. Las redes sociales ya son unas plataformas de información y comunicación asentadas en nuestros días, pero… ¿cómo usa el profesional de la información estos medios sociales? En esta charla trataremos de echar un vistazo a la situación de las redes sociales en España, la figura del “community manager”, las distintas plataformas y herramientas 2.0 existentes.

En esta ocasión vamos a contar con la colaboración de Julián Marquina Arenas, Community Manager de Baratz-Servicios de Teledocumentación, donde se encarga de la gestión, comunicación y dinamización de las redes sociales de la empresa así como de buscar nuevas líneas de comunicación y participación. Es director de RecBib – Recursos Bibliotecas y de la plataforma de blogs BiblogTecarios. Diplomado en Biblioteconomía y Documentación y licenciado en Documentación por…

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¿Una salida? – Segunda parte

Para ir a la primera parte, clica aquí

Abro los ojos nerviosa, sin saber cuanto rato ha pasado desde la última vez que me dormí, recupero el aliento poco a poco y me pongo en pie para poder saber a ciencia cierta dónde me encuentro. Ya relajada me preparo para dejar mi vida atrás y comenzar otra totalmente diferente, desde el último sueño me encuentro cada vez más inquieta, parecía tan real, que …

Subo al taxi que me espera en la puerta y me dirijo al puerto , necesito coger ese barco como sea, es mi primera prioridad para llevar a cabo mi plan y mantenerme a salvo de aquellas vomitivas criaturas del mal, así que parto de immediato; el billete lo tengo guardado en el bolsillo de mi chaqueta, mi pasaporte, en el bolsillo derecho, los libros y toda la información necesaria para seguir adelante con mi estudio de campo, en la maleta de mano, siempre conmigo. En el taxi, miro sin parar por el retrovisor y el conductor, oliéndose algo, no para de preguntarme e intentar sonsacarme información, puede que sea pariente lejano de esas criaturas … no confío en nada ni en nadie, sólo en mis posibilidades y reconozco que son absolutamente pésimas en estos momentos, por esta razón huyo del mundo conocido y me introduzco en el mundo de lo desconocido e incierto, según algunos. En teoría, los profundos suelen desaparecer durante el día, así que he intentado por todos los medios salir a una hora temprana para ellos, creo que los he despistado, pero siempre quedan sus lacayos que pueden caminar tanto por la noche como por el día, aunque mi disfraz pasa desapercibido para cualquiera.

Al llegar al barco, pago corriendo al conductor y subo las escaleras para poder encarcelarme en mi camarote y no salir hasta el final de la travesía. No ha habido ningún problema con la documentación falsa y el billete, así que me dirijo corriendo a mi camarote sin más dilación, durante la búsqueda me intento fijar sobretodo en los demás pasajeros para saber si se han mezclado con los humanos y me persiguen… la idea me aterra, puesto que en medio del océano no tendré más escapatoria que el suicidio, mi corazón se acelera cada vez más al imaginarme tal situación, la respiración aumenta de intensidad y la carne se me empieza a poner de gallina, ¿por qué seré tan cobarde? he preferido mantenerme al márgen tanto como he podido y ni aún así, he conseguido nada excepto alargar mi existencia en este mundo. La verdad es que el barco es enorme, me rodean centenares de compañeros que desconozco su origen e intenciones, en cualquier momento alguno inconscientemente puede percibir la llamada del Gran Chtulhu e intentar darme caza como si de un animal se tratara, la verdad es que a duras penas he podido llegar al camarote, la  tortura psicológica que me ha estado atemorizando durante el camino no me ha ayudado mucho a tranquilizarme sinó todo lo contrario, ahora siento más pánico y aún más debido al largo camino que me espera dentro de este transporte sin escapatoria, me siento dentro de una ratonera, sin saber qué hacer o cómo actuar. De repente, una alarma me aleja de esa idea y me devuelve al barco, ¿qué será? … el pánico vuelve a invadir mi cuerpo…

<Basada en el mundo de H.P.Lovercraft>